TENDENCIAS: EL HILO ROJO

Actualizado: may 5

La historia del hilo rojo es algo que muchos conocen.

Esta creencia originaria de Asia, sostiene que cada individu@ posee un hilo o cordón rojo atado al dedo meñique y que el mismo está unido al de otra persona.

L@s dos seres que se encuentran unid@s por el hilo rojo están destinados a quererse entre sí, independientemente del momento, el lugar o la circunstancia. Por lo tanto, este cordón mágico se puede estirar o enredar, pero nunca puede romperse.

Se dice que el hilo está atado al meñique porque la arteria ulnar es aquella que conecta al corazón con ese dedo y, según la leyenda, esa vena (hilo rojo) se extendería por el mundo hasta unirse a la arteria y llegar al corazón de la otra persona correspondida.

Cerrando el mes de Abril y por ende, el reporte mensual, no podemos dejar de hablar de una de las creencias más conocidas que abarcan el control humano, que juegan con el mismo y con el amor de una forma totalmente egocéntrica.

Existe la amenaza de no poder ser nosotr@s mism@s sin alguien que nos acompañe.


Nos da pánico la soledad y el pensar que nunca vamos a ser o sentirnos amad@s.

Creemos que aferrarnos a nuestros vínculos va a protegernos, cuando en cambio, esa presión nos limita y nos hunde, generando una escalera insostenible de deseos e ilusiones para con dicha relación.

Ese hilo del cual estamos tirando, lo único que genera es un peso más grande del que somos capaces de llevar.


La incertidumbre de no saber si cierta persona posee nuestro hilo rojo no nos conduce a lugares acertados, sino que forzamos algo que no es y caemos en la decepción y la eterna nostalgia.

Lo que permitimos con esta extraña creencia es que la misma tome el control no sólo de nuestros vínculos sino también de nosotr@s mism@s.


Estar pendiente de algo tan llano como una persona que está “destinada” a acompañarnos genera que nuestras relaciones dejen de ser genuinas y que pasen a ser controladas y sumamente calculadas.

Nos adentra a un lado totalmente oscuro que toma forma de ritual donde de visualiza concretamente el estar amarrad@ a otr@, sin tener posibilidad de elección.


Si lo que anhelamos es el amor, debemos permitir que eso surja de manera inesperada.

Sin búsquedas de algo puntual, las situaciones menos pensadas son aquellas que más nos sorprenden, debemos permitirnos ser en el mundo, sin buscar la dependencia absoluta.

Sin buscar el control.


Porque, al fin y al cabo, nosotr@s somos l@s únic@s que verdaderamente tenemos poder sobre nuestra existencia.

Visualizándolo dentro de las tendencias micro, este mito se ve plasmado de muchas formas.

En una cantidad interminable de capas, que atrapan y no dejan ver, en prendas rígidas que generan incomodidad, en tejidos donde se observan las ataduras y sobre todo en prendas que nos invitan a desafiar nuestros umbrales de dolor.

¿Qué tan fuerte sujetamos del hilo? ¿Cuánto dolor nos va a costar aferrarnos a algo ficticio? y, ¿en qué punto dejamos de tener el control?


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