ESTILO PROPIO


Después de haber introducido la importancia que tiene ser conscientes y fieles a nuestro estilo propio, hoy nos acercamos a esto de una manera un poco diferente, que va más allá de la responsabilidad como consumidores y la facilidad para repetir outfits.


Usualmente, se tiene una concepción un poco utópica de lo que es el ESTILO. En mi opinión, lo que lo define es la autenticidad, sinceridad con uno mismo y la seguridad que combate ese miedo al qué dirán. Quiero compartirles mi experiencia personal como estilista, asesora de imagen y consumidora.

Siempre fui una persona muy segura de sus gustos/preferencias y sin miedo a tener una personalidad distinta o que no encajara en la masa, y eso creo que me facilitó el camino. Pero, sé que es algo que no le sucede a todo el mundo. En mi caso, siempre me interesó la moda y el sentido de una estética equilibrada pero vanguardista.


El primer paso fue animarme a encontrarme conmigo misma, con lo bueno y con lo más oscuro (y acá no estamos hablando de estilos).

Para poder encontrar un estilo propio y único hay que animarse a hacer esa introspección, a cuestionarse las cosas y a no tener miedo al cambio y la evolución. Comprendiendo el ciclo de las tendencias, uno se da cuenta que, así como todo en la vida, las cosas son cíclicas, y nosotros somos parte de esos ciclos.


Sería una locura y hasta algo aburrido que nos gusten las mismas cosas desde la adolescencia hasta la vejez. Amigarse con ese cambio constante es lo fundamental. No deberíamos tener vergüenza cuando otros nos cuestionan por qué cambiamos de opinión… deberíamos estar orgullosos de que nuestro gusto evoluciona a la par de nuestra personalidad y experiencias de vida. Ser tajante con las tendencias es una contra a la hora de encontrar el estilo propio. Pero, por otro lado, es bueno estar seguro de lo que me gusta y lo que no, para así poder construir un estilo de manera original.

Entonces, la línea es muy delgada. Lo mejor es tener en claro qué es eso que nos gusta HOY, permitiéndonos que mañana nos deje de gustar, y viceversa. Cuando aceptamos que nuestro estilo puede ir variando a lo largo de la vida, es momento de definir el estilo actual. Esto no tiene que ver con las formas de cuerpo o colorimetrías, pero siempre recomiendo que es algo que puede ayudar si lo tenemos en cuenta.


Hacernos amigos de nuestras inseguridades y aprender a manejarlas nos va a permitir componer un estilo más propio que, aunque cambie en base a las tendencias, respete siempre nuestro cuerpo, gustos y atributos. Por ejemplo, si yo acepto y soy consciente que mis caderas me dan cierta inseguridad, entonces puedo controlarlo al tenerlo en cuenta cada vez que compro prendas y armo outfits. Esto comunica y, así como todo nuestro lenguaje corporal, refleja nuestra historia, personalidad y metas.

En esta instancia, entra en juego mi pasión por la asesoría de imagen. Mucha gente tiene una concepción errada o antigua sobre lo que comprende el estilismo y asesoramiento. Cada vez que tengo la oportunidad, me gusta aclarar que mi trabajo y vocación no pasa por dar indicaciones o reglas sobre cómo uno debe vestirse, si no todo lo contrario. La idea del servicio de asesoramiento (como yo lo emprendo) es otorgarle a la gente los conocimientos y herramientas necesarias sobre su cuerpo para poder tomar control de la imagen que proyectan, y comunicar en base a sus intenciones, situaciones y objetivos personales y profesionales.

Es un servicio que se basa 100% en el empoderamiento de los usuarios, que no busca retenerlos si no ayudarlos y empujarlos en su camino hacia la independencia estilística. Muchas personas, como en mi caso, logran hacerlo de manera individual o intuitiva. Pero, muchas otras necesitan ese empujón, ese apoyo y consejos profesionales para comprender qué buscan proyectar con su imagen.

El estilo es la proyección de nuestra personalidad. Es usual que cuando uno está de mejor humor se vista con colores, y cuando los días son más apagados elija prendas en negro o grises. Ejemplos como estos hay miles. Por eso, es importante conocer nuestros gustos y tendencias para encontrar ese equilibrio entre lo que somos y lo que queremos proyectar, es decir, cómo queremos ser percibidos.


Para encontrar tu estilo propio, lo más importante es conocerte a vos mismo, aceptarte y jugar con esas características que más te gustan de vos y esas que querrías disimular. Y, por las tendencias, no hay que preocuparse… todas se ajustan al estilo de cada uno, es sólo cuestión de entender cómo adaptarlas para sentirnos cómodos con ellas y no disfrazados.

Siempre recuerden que el estilo va cambiando a medida que vivimos nuevas experiencias, y lo más divertido es seguirle la corriente y disfrutar de esas distintas etapas en las que necesitamos comunicar cosas diferentes dependiendo con quién, cómo y dónde estemos parados.


(artículo escrito para Lookea)

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